Site de la bataille de Slankamen

Le site de la bataille de Slankamen

Le site de la bataille de Slankamen (en serbe cyrillique : Место битке код Сланкамена ; en serbe latin : Mesto bitke kod Slankamena) est un site mémoriel qui se trouve sur le territoire de Stari Slankamen, près d’Inđija en Serbie, province de Voïvodine. Il commémore la bataille de Slankamen qui, en 1691, a victorieusement opposé les armées autrichiennes à celles de l’Empire ottoman. Le site est inscrit sur la liste des sites mémoriels d’importance exceptionnelle de la République de Serbie.

La bataille du mont Mihaljevac, près de l’actuelle localité de Stari Slankamen, plus connue sous le nom de bataille de Slankamen, a eu lieu le , au cours de la deuxième guerre austro-turque (1683-1699). Au cours du combat furent tués près de 20 000 soldats ; le grand vizir Mustafa Ćuprilić y a trouva la mort. Les troupes autrichiennes, victorieuses, étaient commandées par Louis-Guillaume de Bade-Bade qui était épaulé par environ 10 000 combattants serbes dirigés par Jovan Monasterlija.

Sur le site de la bataille, situé aux pieds des monts de la Fruška gora, un monument de 12 m de haut a été érigé en 1892. Il est constitué d’un socle de pierre sur lequel s’appuient quatre piliers, le tout surmonté d’une structure en forme de pyramide ; les faces intérieures de la structure inférieure sont décorées de reliefs. Entre les piliers se trouve un grand bloc de pierre sur lequel on peut lire une inscription en allemand commémorant l’événement, ainsi qu’une courte dédicace en cyrillique rédigée par le poète Jovan Jovanović Zmaj à la gloire des morts tombés au combat.

Le monument a été restauré en 1986.

Sólo se vive dos veces (novela)

Sólo se vive dos veces es la duodécima novela de James Bond, escrita por Ian Fleming. Fue publicada primeramente por Glidrose Publications en el Reino Unido el 26 de marzo de 1964 y se vendió rápidamente. El libro tiene la distinción de ser la última novela de Fleming que se publicara en su vida, con posteriores trabajos siendo publicados póstumamente. Sólo se vive dos veces es el capítulo final en lo que se conoce como la „trilogía de Blofeld“.

La historia comienza ocho meses después del asesinato de Tracy Bond, que se produce al final de la novela anterior, Al servicio secreto de su Majestad. James Bond comienza a beber, apostar fuertemente y comete errores en sus tareas cuando, como un último recurso, es enviado a Japón en una misión semidiplomática. Mientras se encuentra allí es asignado por el jefe del servicio secreto japonés para matar al Dr. Guntram Shatterhand. Bond descubre que Shatterhand es Ernst Stavro Blofeld y emprende una misión de venganza a matarlo a él y a su esposa, Irma Bunt.

La novela trata a nivel personal con el cambio de Bond de un hombre deprimido en luto, a un hombre de acción empeñado en venganza, a un amnésico que vive como pescador japonés. A través de las bocas de sus personajes, Fleming también examina el declive de la influencia y poder británicos después de la Segunda Guerra Mundial, en particular en lo referente a los Estados Unidos. El libro fue popular entre el público, con pre-órdenes en el Reino Unido alcanzando las 62.000; los críticos fueron más silenciosos en sus reacciones, generalmente entregando críticas mixtas a la novela.

La historia fue serializada en el periódico Daily Express y la revista Playboy y también adaptada para formato de tira cómica en el Daily Express. En 1967, fue lanzada como la quinta entrada en la serie de películas de James Bond de Eon Productions, protagonizada por Sean Connery como Bond.

James Bond pasa por una depresión muy seria, pues en Al servicio secreto de su Majestad, Ernst Stavro Blofeld ha asesinado a su esposa Tracy a las pocas horas de haberse casado.

Como resultado de esta depresión, pierde dinero en nuevas casas de juego en Londres y se emborracha muy seguido. Con el propósito de mejorar su estado de ánimo, M le ha enviado a dos misiones peligrosas, de las cuales ha salido herido y han fracasado.

Para tratar de resolver el asunto, M se reúne con Sir James Molony, un prestigioso neurólogo que ha ganado el premio Nobel por su obra Efectos secundarios psicosomáticos de la inferioridad orgánica, y quien también fue su subordinado en algún momento. M le comenta la situación, y Molony recuerda que ha trabajado con Bond varias veces, dice que es lógica su situación, y no ve para que lo necesita M. Este último le dice que debido a que ya ha fracasado en dos misiones peligrosas, llega tarde al trabajo y ya nada le interesa, piensa despedirlo y recomendarlo en una compañía de seguridad.

Ante esto, Molony le sugiere que le dé a Bond una misión „imposible“, que lo haga recuperar sus fuerzas al sentirse en una situación tan adversa.

M le asigna a Bond una misión en el Japón. La inteligencia de dicho país ha estado leyendo gran cantidad de mensajes soviéticos, provenientes de Vladivostok y Rusia Oriental. Le dan toda la información a la CIA, quien no le comparte nada a MI6, al considerar el Pacífico territorio propio. La misión de Bond es contactar al jefe del servicio secreto japonés (Koan-Chosa-Kyoku), Tiger Tanaka, y hacer que le comparta la información soviética.

Para esto, es recibido con Dikko Henderson, quien dice que Tanaka tiene con él una obligación debido a varios favores. Lo presenta con Tanaka, con quien al poco tiempo se hacen amigos. Bond dice que tiene la autorización de hacer lo que sea a cambio de la información soviética, inclusive hacer algún trabajo particular.

Después de una fiesta geisha, Tanaka le informa a Bond que hace unos meses ingresó un hombre de nacionalidad suiza, el doctor Guntram Shatterhand, acompañado por su esposa, Frau Emmy Shaterrhand, proveniente de Benon. El doctor Shatterhand se reunió con el Ministerio de Agricultura, quienes quedaron muy sorprendidos al saber que el doctor pretendía poner un jardín de plantas exóticas procedentes de todo el mundo. La CIA revisó sus antecedentes en Suiza y eran buenos. Posteriormente Shatterhand adquirió un castillo en Kyushu, donde cultivó su jardín. Además, Shatterhand ha reclutado como empleados a ex integrantes de la organización criminal japonesa llamada El Dragón Negro. Cuando es advertido de los antecedentes de sus empleados, Shatterhand no se preocupa y tranquiliza a las autoridades.

Pero Shatterhand resultó ser, en palabras de Tanaka, un „coleccionista de la muerte“. Las plantas que cultivó son procedentes de todo el mundo, pero todas son venenosas. Además, hizo un lago donde echó unas pirañas. Debido al alto nivel de suicidios en Japón, este castillo ha sido visto como una oportunidad original para suicidarse, por lo que los suicidas se meten al castillo para realizar su propósito. Las autoridades han visitado varias veces al doctor, quien como medida de seguridad ha puesto un globo de advertencia, que ha resultado como propaganda.

Con autorización del primer ministro japonés, se ha decidido que es necesario matar al doctor. Tanaka, al ser informado por Bond de que puede hacer cualquier trabajo particular, le ha comentado los propósitos de éste al primer ministro, sugiriendo que el mate al doctor, para que se vea como una venganza entre gaijins (extranjeros). El primer ministro ha autorizado que Bond asesine a Shatterhand a cambio de la información soviética.

Para esto, Bond será disfrazado de japonés y enviado a una isla de Fukuoka, donde radica la tribu ama, cuyas mujeres jóvenes nadan desnudas en busca de conchas.

Bond pide las fotos del doctor y de su esposa, y para su sorpresa el doctor resulta ser Blofeld, y su esposa, Irma Bunt.

Después de ser instruido en las costumbres japonesas por Tiger, Bond llega a la isla, y conoce a Kissy Suzuki, una chica quien trabajó un tiempo en Hollywood y quien es llamada „La Garbo japonesa“.

Después de ayudar a Kissy y a su pájaro „David“, quien es llamado así en referencia a David Niven, quien es el único que trató bien a Kissy durante su estancia en Hollywood (David Niven sería James Bond en la película no oficial de 1967 titulada Casino Royale), Bond se dirige al castillo.

El día que llega, al ser tarde, Bond observa dos suicidios, uno de un joven que aparentemente se picó con un árbol venenoso y fue a dar al lago, siendo devorado por las pirañas. El otro es de un hombre vestido de etiqueta, quien se coloca sobre una fumarola que hay en el castillo, desapareciendo inmediatamente. Bond encuentra un lugar para alojarse, y durante la noche tiene pesadillas. Al día siguiente, observa como empleados del doctor arrojan al lago a un hombre que al parecer se había arrepentido de la idea de suicidarse. Bond piensa huir, pero le invade la idea de asesinar a Blofeld y vengar a Tracy.

Bond penetra el castillo y logra esquivar varias trampas, pero finalmente cae en una. Irma Bunt descubre su identidad, y después de que Bond se levanta de una silla de la que sale la lava de un géiser, sostiene una conversación con Blofeld y Bunt, quien, al parecer, realmente es la compañera de Blofeld.

Viendo la oportunidad, Bond asesina a Irma Bunt de un machetazo, y después de una pelea con Blofeld, logra estrangularlo. Logra escapar colgado del globo, pero debido a los golpes proporcionados por Blofeld, cae herido.

Es rescatado por Kissy, quien lo lleva de regreso a la isla. Bond sufre de amnesia, y según el doctor que lo revisó, no se sabe cuando recuperara la memoria. Kissy le oculta todo referente a su pasado, y cuando Bond le comenta que tuvo un sueño en el que aparecen personas que cree que estuvieron relacionadas con él en el pasado, Kissy le comenta que son sueños que también ella tiene.

Finalmente, cuando Kissy planea decirle a Bond que está embarazada de él, Bond le comenta que en el periódico de la casa de ella vio algo referente a Vladivostok, y que tendrá que ir a investigar para averiguar sobre su pasado. Kissy le deja ir.

En el penúltimo capítulo, se incluye el obituario de Bond, escrito por M, al no ser encontrado después de matar a Blofeld. En el, se hace referencia a los libros de Fleming, en el que se menciona que son como un tributo a Bond (como si fuera un personaje real). Este obituario también incluye fechas y datos de su vida, y ha sido tomado como una referencia para calcular la edad de Bond, que, según este obituario, habría nacido en 1922.

Le Chemin

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Le Chemin est une commune française, située dans le département de la Marne en région Alsace-Champagne-Ardenne-Lorraine.

La commune, antérieurement membre de la communauté de communes de la Région de Givry-en-Argonne, est membre, depuis le 1er janvier 2014, de la Communauté de communes de l’Argonne Champenoise.

En effet, conformément au schéma départemental de coopération intercommunale de la Marne du 15 décembre 2011, cette communauté de communes de l’Argonne Champenoise est issue de la fusion, au 1er janvier 2014, de :

Les communes isolées de Cernay-en-Dormois, Les Charmontois, Herpont et Voilemont ont également rejoint l’Argonne Champenoise à sa création.

En 2013, la commune comptait 61 habitants. L’évolution du nombre d’habitants est connue à travers les recensements de la population effectués dans la commune depuis 1793. À partir du XXIe siècle, les recensements réels des communes de moins de 10 000 habitants ont lieu tous les cinq ans, contrairement aux autres communes qui ont une enquête par sondage chaque année.

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Verve (magazine)

Verve is India’s premier and only home-grown luxury and lifestyle magazine for women that has been in publication since 1995. The magazine celebrated its 20th anniversary in 2015.

Verve was launched in 1995. Anuradha Mahindra, wife of industrialist Anand Mahindra, is the founder, editor and publisher. Mala Vaishnav is the managing editor of the publication and Falguni Kapadia is the CEO. Verve magazine is an Indian magazine, not owned or run by a foreign company. About 80 per cent of its readership is in cities. The south Mumbai-based publishing organisation also produces specialised in-house magazines, coffee-table books and supplements for leading brands.

The luxury magazine focuses on women’s lifestyle, including trends, national and international fashion, arts and culture, beauty, travel, food and spaces. Verve is known for its strong people focus, with in-depth interviews with famous people, Bollywood stories and also remains a platform for the discovery of new talent.

Verve has an annual Power Issue (curated list of the power women of the year in June), the annual Best Dressed Issue (curated list of the best dressed women of the year in October) and the January fresh list which has a curated list of young achievers. Verve has an art-themed issue in July and bridal issue in September. Verve celebrates its anniversary in December.

Verve started out as a quarterly publication in 1995. It then became a bi-monthly (coming out every 2 months) in 2005 and finally made the change over to a monthly in 2007 to keep pace with growing readership demands.

Verve has a Verve Man supplement that started in 2009 as an annual property, and is from 2014 a bi-annual property. Celebrities to have made the cover of Verve Man: Kunal Kapoor, Imran Khan, Abhay Deol, John Abraham, Shah Rukh Khan and Ranbir Kapoor.

Esgaroth

Esgaroth (Pontelagolungo nella versione in italiano) è una località di Arda, l’universo immaginario fantasy creato dallo scrittore inglese J.R.R. Tolkien. È presente nel romanzo Lo Hobbit.

È costruita interamente in legno, su palafitte poste sul fondo del Lago Lungo, a sud di Erebor, la Montagna Solitaria e ad est di Bosco Atro.

Esgaroth è una città-stato indipendente con a capo un Governatore.

Grazie alla sua fortunata posizione, Pontelagolungo è una città dedita al commercio di oro, materiali preziosi e anche alimenti. La principale meta commerciale è il Regno degli Elfi Silvani di Bosco Atro con cui commerciano mele, burro e vino attraverso la navigazione sul Fiume Selva.

In Lo Hobbit, la Compagnia dei Nani, prigioniera di Thranduil, re degli elfi silvani di Bosco Atro, fugge dal reame elfico all’interno dei barili vuoti che contenevano i viveri per le cucine del palazzo reale. I barili vengono gettati nel Fiume Selva dove raggiungono il Lago Lungo e Esgaroth. I Nani e Bilbo escono dai barili e vengono accolti calorosamente dagli Uomini di Pontelagolungo. Il Governatore della città fornisce loro un alloggio e successivamente pony e provviste per il loro viaggio verso la Montagna Solitaria.

Peuplement de l’Océanie

L’Océanie est un ensemble géographique dont les frontières sont discutées, mais qui regroupe généralement la Wallacea (sud-est de l’Indonésie actuelle), l’Australie, la Nouvelle-Guinée, la Mélanésie, la Micronésie et la Polynésie.

Le peuplement préhistorique de l’Océanie s’est fait à travers deux grandes vagues migratoires. La première s’est produite il y a 45 à 50 000 ans, voire davantage, et a amené des chasseurs-cueilleurs à peupler l’Insulinde puis l’Océanie proche, c’est-à-dire la Nouvelle-Guinée, certaines îles de la Mélanésie et l’Australie.

La seconde vague est plus récente et débute il y a environ 6 000 ans. Elle mène des agriculteurs et navigateurs parlant des langues austronésiennes à peupler l’Insulinde, soit les Philippines, la Malaisie, et l’Indonésie. À partir d’Indonésie, elle conduit, il y a 3 500 à 4 000 ans, ces navigateurs austronésiens vers les îles de l’Océanie proprement dite : Wallacea (sud-est de l’Indonésie), Micronésie, Mélanésie et côtes de la Nouvelle-Guinée. Plus à l’est, ces navigateurs ont été les premiers à atteindre, également il y a environ 3 500 ans la Polynésie (peuplement des Tonga, à l’ouest de la Polynésie, il y a environ 3 300 ans) et, il y a sans doute un millénaire, l’Amérique du Sud. Enfin, partis en dehors de l’Océanie (sans doute de Bornéo), plus à l’ouest, des Austronésiens parlant des langues barito ont atteint il y a 1 500 ans l’île africaine de Madagascar qui devint ainsi, sur le plan linguistique, la quatrième grande île océanienne.

Tout au long de ce parcours, les populations de la première et de la seconde vague de peuplement se sont assez largement métissées, tant sur le plan culturel que biologique.

La question de l’origine des Océaniens a été l’un des thèmes majeurs de la recherche océanienne depuis le XIXe siècle. Si on a aujourd’hui, grâce à l’archéologie, la linguistique, l’ethnolinguistique, l’ethnobotanique, voire la recherche génétique, une réponse à peu près cohérente à cette question, de nombreux points restent encore en suspens.

La présence du genre Homo en Océanie est ancienne.

Ainsi « Homo erectus a atteint le premier cette partie du monde il y a 1 million d’années, et pourrait y avoir survécu aussi récemment que 25 000 ans », voire, pour certains de leurs descendants, plus récemment encore, si l’hypothèse de l’existence de l’Homme de Florès comme espèce valide est confirmée.

Ce premier peuplement n’est pas resté sur la partie continentale de la région. Comme l’indique le peuplement de l’île de Florès, les premiers humains archaïques ont su traverser des bras de mer pour peupler des îles proches. Mais ce peuplement très ancien par Homo erectus (au moins -840 000 ans sur l’île de Florès) n’a pas dépassé l’actuelle Wallacea, dans l’extrême ouest de l’Océanie.

Certains chercheurs ont postulé une continuité génétique, ou au moins un métissage partiel, entre les premiers humains modernes (Homo sapiens) de la région et les derniers Homo erectus. Les études génétiques semblent cependant contredire cette thèse. « Contrairement aux affirmations d’un flux de gènes (dans le cadre d’une continuité régionale) entre H. erectus et H. sapiens, nous n’avons pas trouvé de lignées ancestrales du chromosome Y [transmis par les hommes] dans un groupe de 1 209 échantillons. Cette constatation exclut la possibilité que les premiers hominidés aient contribué significativement à l’héritage paternel de la région ».

La recherche actuelle a mis en évidence au moins deux vagues de peuplement d’hommes modernes, mais sans exclure totalement l’hypothèse d’une vague intermédiaire.

Les premières migrations d’humains modernes à travers le Sunda vers les rives de la Wallacea sont mal connues et remonteraient à -60 000 ans.

Vers -60 000, l’Asie du Sud-Est insulaire n’était pas l’ensemble archipélagique qui existe aujourd’hui mais constituait un plateau continental, celui du Sunda, prolongement en forme de péninsule du continent asiatique. Le rivage continental s’étendait bien plus en avant dans la mer de Timor. L’Australie et la Nouvelle-Guinée, reliées entre elles par un pont terrestre à travers la mer d’Arafura, le golfe de Carpentarie et le détroit de Torrès, formaient une masse continentale unique appelée Sahul, qui englobait également la Tasmanie. Entre le Sunda et le Sahul se trouvait un archipel que les géographes nomment Wallacea, le plus à l’ouest de l’Océanie. On pouvait alors aller du Sunda au Sahul en n’ayant pas à parcourir plus de 100 km de mer.

Les populations actuelles de négritos témoignent qu’une couche de population ancienne, aujourd’hui marginalisée et submergée par les agriculteurs austronésiens, s’est établie dans le Sunda, mais aussi au-delà, puisque ces populations, aujourd’hui relictuelles, vivent également dans les îles Andaman et les Philippines. Les Négritos sont probablement les hommes modernes les plus anciens de l’Asie du Sud-Est, l’installation de ces groupes dans la région remontant en effet au moins à 50 000 ans, voire 60 ou 70 000 années.

Malgré leur apparence similaire (peau très noire, cheveux crépus, petite taille), les analyses génétiques des différents groupes négritos montrent un apparentement incertain et, au mieux, très ancien, lequel implique sans doute la migration de divers groupes d’origine africaine, et non une origine unique.

À partir du Sunda, les migrations ont eu lieu à travers le Wallacea vers la fin du pléistocène, quand le niveau de la mer était bien plus bas qu’aujourd’hui. Des épisodes répétés de glaciation durant le pléistocène se sont en effet traduits par des abaissements du niveau de la mer de 100 à 150 mètres par rapport au niveau actuel. Durant la période -45 000 à -40 000 ans, la première migration importante a lieu, incluant une partie de la Mélanésie (Océanie proche uniquement, principalement la Nouvelle-Guinée) et l’Australie. Certains chercheurs sont partisans de dates plus anciennes, vers -60 voire -70 000 ans.

Une analyse génétique de 2007 a conclu que le « peuplement de l’Australie et de la Papouasie-Nouvelle-Guinée par les humains modernes a été effectué par un seul groupe de personnes qui sont restées dans un isolement substantiel ou total jusqu’à une époque récente. La constatation écarterait les hypothèses sur des vagues de migration ultérieures […]. Les aborigènes d’Australie et les habitants de la Papouasie-Nouvelle-Guinée sont les descendants d’une unique population fondatrice ».

On pense que les hommes ont commencé par naviguer sur la courte distance séparant les îles de la Sonde du Sahul pour se disperser ensuite à travers le continent. Le peuplement du Sahul est d’ailleurs aujourd’hui la plus ancienne preuve d’une navigation en haute mer. Des peuplements d’îles bien plus anciens sont connus (comme celui de l’île de Florès), mais sur des distances maritimes bien plus restreintes. Pour atteindre Florès, le détroit le plus large (en fonction du niveau de la mer de l’époque) était pour Homo erectus de 19 km seulement, donc toujours en contact visuel avec une côte.

L’archéologie a révélé un habitat humain dans l’amont de la Swan en Australie-Occidentale, datant d’il y a 38 000 ans. D’après les fouilles du site de Warreen Cave, les humains arrivent en Tasmanie, à l’époque reliée par un pont terrestre à l’Australie, il y a environ 35 000 ans.

« C’est à la même époque que furent franchies les quelques dizaines de kilomètres qui séparent l’archipel Bismarck du Sahul : la Nouvelle-Bretagne, la Nouvelle-Irlande furent atteintes puis, à cent soixante kilomètres de là, l’île de Buka au nord de l’archipel des Salomons : un véritable exploit vieux de 28 000 ans. Enfin, pour clore la première phase du peuplement de l’Océanie, l’île de Manus (îles de l’Amirauté), à deux cent quarante kilomètres au nord des Bismarck était, avant 12 000 ans, habitée par les Océaniens ».

À cette date (-12 000 avant notre ère), l’expansion territoriale des colons de la première vague semble cesser. Les îles Salomon, juste au sud de l’île de Buka, restent vierges d’occupation humaine. « Dans l’état actuel des connaissances, il existe un vide temporel de plus de huit millénaires avant que ne reprenne la course vers le sud ».

Il y a 6 000 à 12 000 ans, avec la fin de la période des glaciations, le niveau des mers remonte à son niveau actuel, submergeant les ponts terrestres entre l’Australie et la Nouvelle-Guinée d’une part, et l’Australie et la Tasmanie d’autre part.

Les populations de Nouvelle-Guinée, d’Australie et de Tasmanie connaissent désormais un développement séparé. Les ancêtres des Papous de Nouvelle-Guinée, tout au moins ceux des hautes terres, mettent en place un système d’horticulture complexe dont les premières traces remontent à 9 000 ans, soit à une date tout juste postérieure à celles retrouvées en Mésopotamie et que l’on désigne généralement comme les plus anciennes. Ainsi, « l’ancien site agricole de Kuk, en Papouasie-Nouvelle-Guinée, comprend 116 ha de marécages dans l’ouest de l’île de la Nouvelle-Guinée, à 1 500 m d’altitude. Des fouilles archéologiques ont révélé que ces marais ont été cultivés presque continuellement depuis 7 000, voire 10 000 ans. Le site présente des vestiges archéologiques bien conservés montrant l’évolution technologique qui a transformé l’exploitation des plantes en agriculture ».

À l’inverse, les aborigènes d’Australie demeureront des chasseurs-cueilleurs, les conditions géoclimatiques étant peut-être moins favorables à l’agriculture, ou les ressources cynégétiques rendant cette innovation moins nécessaire.

Il y a 6 000 ans (soit 4 000 av. J.-C.), des habitants du littoral de la Chine du Sud, cultivateurs de millet et de riz, commencent à traverser le détroit pour s’installer à Taïwan. Leurs descendants, parlant toujours des langues austronésiennes, sont les actuels aborigènes de Taïwan.

Vers 2 500 av. J.-C., des migrations ont lieu de Taïwan vers les Philippines.

Entre la fin du IIIe millénaire et 1 500 av. J.-C., de nouvelles migrations permettent l’installation de groupes que l’archéologie désigne comme venant des Philippines au nord de Bornéo, à Sulawesi, à Timor et de là, les autres îles de l’archipel indonésien. La culture du riz commence à régresser dans certaines zones au profit de nouvelles plantes tropicales, et le riz sera d’ailleurs peu diffusé dans le Pacifique, à l’exception des îles Mariannes, au nord de la Micronésie.

Vers 1 500 av. J.-C., un autre mouvement mène de l’Indonésie vers la Mélanésie, les rives de la Nouvelle-Guinée et au-delà, les îles du Pacifique.

Les Austronésiens sont sans doute les premiers grands navigateurs de l’histoire de l’humanité.

En 2010, Hiria Ottino et 5 membres d’équipage, sur une pirogue simple à balancier et à voile, ont retracé en 123 jours, en sens inverse, le chemin de migration : Tahiti, Iles Cook, Tonga, Fidji, Vanuatu, Salomon, Papouasie-Nouvelle-Guinée, Palau, Philippines et Chine.

Ces populations austronésiennes qui s’installent en Océanie ne sont pas que des agriculteurs et des navigateurs, ce sont aussi des potiers. Plusieurs aires culturelles ont pu être identifiées, facilitant la différenciation et la datation des vagues de migration.

Le père Otto Meyer est le premier à découvrir ces poteries en 1909 sur l’île de Watom, dans l’archipel Bismarck (actuellement en Papouasie-Nouvelle-Guinée). En 1917, le géologue Maurice Piroutet en trouve à son tour dans une localité du nord de la Nouvelle-Calédonie appelée Lapita. Ce nom est par la suite retenu par les archéologues pour désigner l’ensemble de ces poteries et le complexe culturel qui y est associé, lequel caractérise une aire allant de l’archipel Bismarck à l’ouest aux îles Tonga et Samoa à l’est.

Divers chantiers de fouilles vont tout au long du XXe siècle mettre au jour d’autres exemplaires de ces poteries sur toute la partie occidentale du Pacifique (ou Océanie proche), les îles Salomon, le Vanuatu, la Nouvelle-Calédonie, les Fidji, Wallis et Futuna, et jusqu’aux Samoa.

Il a été généralement considéré que les Lapita étaient des locuteurs austronésiens venus d’Asie, dans la mesure où toutes les populations de ces zones parlent actuellement des langues austronésiennes. Les poteries sont aussi considérées comme le signe que les Austronésiens ayant peuplé la Polynésie avaient longuement séjourné dans les îles de la Mélanésie, puisque les poteries Lapita sont communes aux deux zones, et que le peuplement de la Mélanésie est le plus ancien. Le fait de savoir si ce type de poteries a directement été amené par des immigrants (et donc développé initialement en dehors de la zone Lapita) ou s’il a été développé sur place reste par contre un sujet de débats entre experts, quelques auteurs défendant même une origine totalement ou partiellement non austronésienne, au sein des cultures pré-austronésiennes de Mélanésie. Les poteries Lapita sont cependant liées à des traces d’agricultures ou à des outils dont on trouve le pendant en Asie du Sud-Est, ce qui milite en faveur de locuteurs austronésiens.

Le site le plus ancien connu (en 2000) des Lapita est « au nord de l’archipel Bismarck, un des îlots aux environs de Mussau. Sur le site de Talepakemalai, il y a environ 3 500 ans, apparaît une petite population apparemment différente de celles qui avaient peuplé le Sahul depuis des dizaines de millénaires. […] Grâce à ces pots-témoins, faciles à identifier, il est possible de localiser les Lapita aux Samoa, il y a environ 3 000 ans. Ainsi, en moins de cinq siècles, un véritable peuple de l’Océan s’installa sur la plupart des îles comprises entre le nord de l’archipel Bismarck et les Samoa, en passant par les Salomon, le Vanuatu, la Nouvelle-Calédonie, les Fidji, Futuna et Wallis. Cet espace maritime couvre quatre mille cinq cents kilomètres ; il comporte, entre l’archipel du Vanuatu et les Fidji, un vide de plus de huit cents kilomètres à franchir, à vol d’oiseau, mais certainement plus de mille en tirant des bords ».

L’une des interrogations concernant les poteries Lapita est cependant leur quasi-absence en Polynésie orientale, puisque l’archéologie n’a pu jusqu’à aujourd’hui en découvrir que quelques tessons aux îles Marquises . C’est la raison pour laquelle certains chercheurs ont évoqué l’idée que les habitants de l’Océanie éloignée ne seraient pas passés (ou alors sans y être restés longtemps) par ce qu’on appelle traditionnellement la Mélanésie, mais auraient migré plus au nord, par les Philippines et la Micronésie. Les données actuelles, en particulier génétiques, suggèrent cependant un long passage des Polynésiens par les îles de la Mélanésie.

Au cours de leur avancée vers le sud et l’est, les Austronésiens de la culture Lapita n’ont pas amené que leurs poteries. Ils ont également amené de nombreuses plantes et animaux. C’étaient « assurément de talentueux horticulteurs. Ils ont ainsi commencé à enrichir les pauvres îles du sud-ouest du Pacifique, grâce aux végétaux transportés pendant des générations depuis l’Asie du Sud-Est et la Nouvelle-Guinée : ignames, aracées diverses, arbre à pain, canne à sucre… ».

D’un point de vue linguistique, la Micronésie ne forme pas un ensemble cohérent, et il n’existe pas de groupe linguistique « Micronésiens » d’un point de vue scientifique.

Certaines langues qui y sont parlées ne sont même pas des langues océaniennes, le sous-groupe des langues austronésiennes qui semble issu de la culture Lapita, et qui partant de la Mélanésie a peuplé la Polynésie.
Certaines des langues de Micronésie, comme le chamorro ou le paluan, sont en effet plutôt apparentées aux langues austronésiennes des Philippines. La partie la plus occidentale de la Micronésie semble donc avoir des populations qui sont au moins en partie originaire de cette région, puis qui sont restées en contact plus ou moins régulier avec les populations des Philippines ou des environs.

La situation est différente pour la partie orientale de la Micronésie, pour laquelle l’origine semble davantage venir des populations austronésiennes Lapita, venues du sud des Salomons ou du nord Vanuatu.

En raison de l’éclatement linguistique à l’ouest (Mariannes et Carolines) et de la relative homogénéité à l’est (Gilbert et Marshall), rien ne permet de trancher avec certitude sur un peuplement homogène, d’autant que la découverte des grottes marines de Nanumaga (Tuvalu, dans une zone traditionnellement attribuée à la Micronésie mais désormais peuplée de Polynésiens) semble faire remonter l’occupation humaine à une période fort antérieure. La majeure diversité linguistique se situe dans la partie centrale de la région : ce qui devrait indiquer que c’est la zone de plus ancien peuplement (Chuuk, Kosrae, Pohnpei).

Il y a environ 3 500 ans, soit en 1 500 avant notre ère, environ à la même époque que l’apparition des Lapita en Mélanésie, des potiers commencent à s’installer dans l’ouest de la Micronésie.

L’« île de Saipan, au sud des Mariannes, fut peuplée il y a plus de 3 500 ans par des marins venus, semble-t-il, des Philippines ; comme les Lapita, ils étaient céramistes, mais issus d’une tradition différente. Pour atteindre les Mariannes, les premiers Micronésiens ne traversèrent probablement pas la mer des Philippines, large de mille cinq cents kilomètres ; ils suivirent vraisemblablement le chapelet d’îles qui s’étend entre Halmahera (les Moluques) et Saipan, mais aucune date aussi ancienne n’y a encore été relevée. Le peuplement le plus ancien de l’île de Yap, sur ce trajet, ne remonte qu’au début de notre ère ».

Spriggs note à propos de l’artisanat micronésien qu’« il y a des parallèles très spécifiques avec la poterie de l’Asie du Sud-Est », ce qui s’explique par l’origine supposée philippine d’une partie des Micronésiens (les plus occidentaux d’entre eux).

Vers cette époque, des liens commerciaux se tissent entre la « Micronésie centrale (Chuuk, Kosrae et Pohnpei, autrefois Ponape, aux îles Carolines) » et les marins du Vanuatu (Mélanésie), liens qui dureront jusqu’à l’époque moderne. Beaucoup plus à l’est, les Gilbertins et les Marshallais constituent des ensembles homogènes tandis que les habitants de Nauru sont d’une origine plus incertaine.

Les langues austronésiennes telles qu’elles sont actuellement classifiées par les linguistes donnent une image des routes de migration suivies. L’éclatement insulaire explique le grand nombre des langues recensées, soit 1 200 à 1 300, mais celles-ci se regroupent en familles ou sous-familles, indiquant des déplacements migratoires à partir de centres régionaux communs. Il est cependant important de noter que ces origines linguistiques ne se recoupent pas forcément avec l’origine biologique, une même langue pouvant être adoptée par des groupes d’origines distinctes. Certaines fortes ressemblances entre langues austronésiennes peuvent être également aréales (acquises par un long contact dans une aire commune) et non génétiques (liées à une origine unique au sein d’un sous-groupe récent). Pour ces raisons, les regroupements de langues en sous-groupes au sein de la famille austronésienne font parfois l’objet de débats entre linguistes.

Au niveau le plus fondamental, ces langues sont aujourd’hui divisées en deux groupes : les langues de Taïwan, et les langues malayo-polynésiennes. Ces dernières vont des Philippines à Madagascar, de la Malaisie à l’île de Pâques, et regroupent la quasi-totalité des langues austronésiennes recensées.

Au sein du groupe malayo-polynésien, les langues de l’Insulinde (Indonésie, Malaisie et Philippines) sont les plus nombreuses. Les langues de Madagascar sont d’ailleurs rattachées au sous-groupe des langues Barito du Kalimantan (Indonésie), donnant ainsi une bonne indication sur leur origine.

Les langues océaniennes sont quant à elles un sous-groupe des langues malayo-polynésiennes comptant 500 langues, parfois avec un très faible nombre de locuteurs. Elles sont répandues en Mélanésie, en Micronésie et en Polynésie, ainsi que sur les côtes nord et mélanésiennes de la Nouvelle-Guinée, où certaines populations côtières parlent des langues austronésiennes. Leurs plus proches parentes sont les langues du Malayo-Polynésien central, parlées dans une partie de l’Indonésie, sur certaines côtes de la Nouvelle-Guinée et au Timor, parenté permettant raisonnablement de définir l’origine des locuteurs de l’océanien dans cette région du sud de l’Insulinde.

Au sein des langues océaniennes, ont compte cinq groupes principaux :

Ces répartitions montrent que les regroupements linguistiques sont loin de correspondre aux subdivisions traditionnelles de l’Océanie austronésienne : Micronésie, Mélanésie et Polynésie. Non seulement ces langues débordent sur les côtes de Nouvelle-Guinée, mais elles traversent ces ensembles, certaines langues de Mélanésie (les exclaves polynésiennes) appartenant au groupe des langues polynésiennes. Cette subdivision, proposée par Dumont d’Urville en 1931, est d’ailleurs dépassée scientifiquement.

La Mélanésie semble néanmoins assez clairement la matrice des langues océaniennes. C’est dans cette région, et sur les côtes néo-guinéennes qui lui sont proches, que se trouvent le plus grand nombre de langues et de groupes linguistiques, diversification qui semble un bon marqueur de l’ancienneté des locuteurs du malayo-polynésien dans cette zone. Cet indice est d’ailleurs corrélé avec l’archéologie, les premiers cultivateurs Lapita (considérés comme austronésiens) s’étant d’abord installés dans cette région.

C’est à partir de ce noyau que s’est semble t-il identifié le groupe fidjien. La linguistique permet de définir que malgré les différences d’apparence entre Polynésiens et Fidjiens (ceux-ci étant généralement d’apparence plus mélanésienne), les groupes polynésiens ayant peuplé les îles du Pacifique central ont migré à partir de cette zone. D’après Patrick Kirch et Roger Green, les lapita présents à Samoa, Tonga, Wallis et Futuna se sont différenciés de leurs voisins fidjiens, développant une langue propre, le proto-polynésien, ancêtre de toutes les langues polynésiennes. C’est à partir de cette zone que s’est fait le peuplement de la Polynésie.

Les premiers métissages se sont faits dès les Philippines, et se sont poursuivis tout au long du parcours suivi par les agriculteurs et navigateurs austronésiens.

Ainsi, l’analyse génétique des populations de Négritos de l’ancien Sunda ou des régions avoisinantes (Philippines) montre un certain niveau de métissage. Ce métissage n’a pas été que biologique, puisque certaines populations négritos de Malaisie (comme les Jakun) ou des Philippines (comme les Aeta) parlent aujourd’hui des langues austronésiennes.

Les populations Négritos semblent avoir ignoré l’agriculture avant l’arrivée des Austronésiens. C’était des populations de chasseurs-cueilleurs apparemment peu nombreuses. Les métissages génétiques et culturels semblent donc s’être faits surtout vers les Négritos plus que dans l’autre sens.

Le niveau de métissage peut d’ailleurs varier d’un groupe à l’autre. Ainsi, si les Semang de Malaisie montrent une assez forte homogénéité génétique, « les Senoi semblent être un groupe composite, avec environ la moitié des lignées maternelles remontant aux [mêmes] ancêtres [que les] Semang, et l’autre moitié [venant] d’Indochine. Ceci est en accord avec l’hypothèse selon laquelle ils sont des descendants [partiels] des premiers agriculteurs et locuteurs austronésiens, qui ont apporté tant leur langue que leur technologie à la partie sud de la péninsule [malaise] il y a environ 4 000 ans, et se sont mélangés avec la population autochtone ».

Plus au Sud, les métissages se feront par contre largement vers les arrivants austronésiens, quand ceux-ci atteindront la Nouvelle-Guinée et la Mélanésie.

La distinction nette entre Mélanésiens et Polynésiens, fondée sur la couleur de la peau et un degré de culture différencié a longtemps été une constante des recherches scientifiques du XIXe et du XXe siècle. De fait, il existe une ressemblance physique marquée entre les populations (non austronésiennes) de l’ancien Sahul (Aborigènes d’Australie et Papous de Nouvelle-Guinée) et les Mélanésiens. Les recherches génétiques actuelles confirment d’ailleurs une origine génétique similaire. À l’inverse,les Polynésiens ont une apparence physique plus asiatique[non neutre][réf. nécessaire].

Les langues parlées par les Mélanésiens et les Polynésiens sont cependant austronésiennes, et il n’existe pas de rupture linguistique marquée entre les deux zones. L’ancienne séparation nette entre les deux populations a donc dû être revue.

Ainsi, les analyses génétiques montrent que ceux qu’on appelle « Polynésiens » avaient certes une origine asiatique, mais aussi partiellement mélanésienne. « Les ancêtres des Polynésiens étaient originaires d’Asie / Taïwan, mais ils n’ont pas traversé rapidement la Mélanésie ; plutôt, ils se sont beaucoup mélangés avec les Mélanésiens, laissant derrière eux leurs gènes [chez les Mélanésiens], et incorporant beaucoup de gènes mélanésiens avant de coloniser le Pacifique ». Ces influences croisées ont été quantifiées grâce à l’étude des gènes de « 400 Polynésiens venant de 8 groupes d’îles, par comparaison avec plus de 900 personnes provenant de populations […] de Mélanésie, du Sud et de l’Est de l’Asie et d’Australie, par le moyen du chromosome Y (NRY) et de l’ADN mitochondrial (ADNmt) ». Le chromosome Y est hérité du père, et renseigne donc sur l’origine génétique des hommes fondateurs d’une population, quand l’ADN mitochondrial, hérité par la mère, renseigne sur l’origine génétique des femmes fondatrices d’une population.

Ainsi, chez les Polynésiens, 65,8 % des chromosomes Y (masculins) sont mélanésiens, 28,3 % sont d’origine asiatique et 5,9 % sont indéterminés par l’étude. De façon très inversée, l’ADN mitochondrial (d’origine féminine) des populations polynésiennes est à 6 % d’origine mélanésienne, à 93,8 % d’origine asiatique, et à 0,2 % d’origine indéterminée. Ces données, outre un long passage des locuteurs des langues austronésiennes en provenance d’Asie par la Mélanésie avant de coloniser la Polynésie, suggèrent aussi « un fort mélange chez les Polynésiens avec plus d’hommes que de femmes mélanésiennes, peut-être en raison d’une résidence matrilocale [l’homme va habiter chez son épouse] ancestrale dans la société polynésienne ».

L’opposition Mélanésiens/Polynésiens est aujourd’hui fortement remise en question. Elle repose sur des stéréotypes raciaux et ethniques du XIXe siècle (peau noire versus peau cuivrée ; cheveux « crépus » ou « laineux » versus cheveux « ondulés » ; « cannibale mélanésien » versus « bon sauvage polynésien »…), et sont aujourd’hui dépassées, car non-scientifiques.

Le schéma général des migrations austronésiennes vers la Polynésie semble donc aujourd’hui assez solide : une migration vers la Mélanésie et les côtes de Nouvelle-Guinée, où les populations d’origines asiatiques et mélanésiennes/papoues se mélangent et s’acculturent, puis une migration de groupes restés d’apparence plus asiatique vers l’est et la Polynésie.

Les Austronésiens ne se sont jamais installés en Australie, et n’y ont pas laissé de traces culturelles discernables. Par contre, sur la bordure nord de l’Australie, les langues des indigènes du détroit de Torrès (certaines îles sont de langues papoues, d’autres sont de langues aborigènes) ont un vocabulaire austronésien indiquant des contacts anciens.

Sur le continent lui-même, quelques contacts sporadiques sont plausibles, du fait de la diffusion des dingos sur le continent australien. C’est en effet un chien domestique redevenu sauvage diffusé à travers toute l’Asie du Sud-Est, de la Thaïlande au sud de la Chine, de la Birmanie à la Nouvelle-Guinée, en passant par les Philippines et l’archipel indonésien, soit le long des voies de migrations austronésiennes.

Les preuves fossiles donnent à penser que les dingos sont arrivés en Australie il y a environ 4 000 à 5 000 ans, et se sont étendus à toutes les parties du continent australien et de ses îles, à l’exception de la Tasmanie. Ces dates coïncident avec celles de l’arrivée des navigateurs austronésiens dans la zone Indonésie-Nouvelle-Guinée. Mais si le dingo démontre de probables contacts, ceux-ci n’ont eu aucune influence démographique, culturelle ou linguistique connue.

Les études génétiques semblent démontrer que « les Fidji ont joué un rôle crucial dans l’histoire de la Polynésie : les humains ont probablement d’abord migré vers les Fidji, et la colonisation ultérieure de la Polynésie [en] provenait probablement ». La linguistique oriente dans le même sens, puisque les langues des Fidji et de la Polynésie appartiennent toutes au même sous-groupe océanien, le fidjien-polynésien. C’est vers -1 500 que les Austronésiens se sont installés aux Fidji. Cependant, les populations lapita de Wallis, Futuna, Tonga et Samoa se sont progressivement distinguées de celles présentes à Fidji.

En se basant sur l’archéologie, l’ethnologie et la linguistique, Patrick Kirch et Robert Green (2001) concluent que ces îles ont formé la « société polynésienne ancestrale » : pendant environ sept siècles, au 1er millénaire av. J.-C., elles partagent une culture commune et parlent la même langue, le proto-polynésien. C’est la naissance de la culture polynésienne, et le début des migrations vers la Polynésie orientale.

Les chercheurs se sont interrogés sur les raisons qui pouvaient pousser ces populations à s’enfoncer à partir de la Mélanésie toujours plus loin vers l’est, alors même que vents et courants dominants leur étaient contraires.

De fait, cette migration a pris plus de 3 000 ans. Elle fut donc lente et effectivement freinée par le régime des vents. Mais ce régime dominant des vents contraires n’avait pas que des inconvénients. Les Austronésiens voyageaient en effet à bord de waʻa kaulua ou vaʻa pahi, grandes pirogues doubles à voiles qui, d’après ce que l’on peut en savoir par la tradition orale, et certaines preuves archéologiques ou historiques, pouvaient embarquer jusqu’à une cinquantaine de passagers. Les provisions ne pouvaient donc être que limitées. Ainsi, en naviguant contre le vent, les migrants savaient qu’en cas d’échec dans la découverte de nouvelles terres, ils pouvaient relativement rapidement revenir à bon port, en profitant cette fois-ci d’un vent arrière.

L’inconvénient de la navigation par vent de face doit également être modulée en fonction des expérimentations menées à bord de répliques. Celles-ci montrent en effet que si les pahi remontaient effectivement très mal contre le vent, ils étaient très à l’aise par vent de travers. Dès lors, et compte tenu de la direction des vents dominants, l’alizé de Sud-Est en particulier, on peut imaginer soit des traversées en zigzags, soit des traversées à 70 ou 80 degrés du vent. La remontée du vent était donc parfaitement possible, quoique ralentie par la nécessité de naviguer par vents de travers.

Enfin, selon l’ethnologue néo-zélandais Elsdon Best, le vent n’était pas l’unique moyen de propulsion de ces embarcations, et son régime contraire n’était donc pas rédhibitoire. « Bien que les voiles aient été employées par les navigateurs māori, pagayer était la méthode la plus commune ».

Les îles de la Société n’ont été atteintes que vers 300 après Jésus-Christ, et ont servi de zone de dispersion. Cette dispersion s’est faite vers le nord (îles Hawaii atteintes vers 500), vers l’est (île de Pâques atteinte vers 900) et vers le sud (la Nouvelle-Zélande atteinte vers 1100).

À l’extrême-est, au-delà de l’île de Pâques, il est aujourd’hui admis que les Polynésiens ont atteint l’Amérique du Sud. On trouve en effet à travers toute la Polynésie la patate douce, une plante vivace originaire de ce continent (ou peut-être d’Amérique centrale), où elle est cultivée depuis quelque 5 000 ans. Le terme quechua pour désigner la patate douce, qumar est ainsi proche de celui utilisé dans la plupart des langues de Polynésie (umara en tahitien, kumara en māori, umala en samoan, etc.).

En 2007, des archéologues ont aussi trouvé sur la façade pacifique de l’Amérique du Sud (au Chili) des ossements de poulets antérieurs à l’arrivée des Européens, ossements dont l’analyse génétique montrerait nettement la parenté avec les lignées de poulets polynésiennes. Le poulet est d’ailleurs un animal originaire d’Asie du Sud, qui ne vivait pas en Amérique. On a longtemps cru que c’étaient les Européens qui l’avaient amené en Amérique, ce qui est d’ailleurs exact hors des zones de contact avec les Polynésiens. Si ces contacts ont eu des impacts sur l’agriculture et l’élevage des deux populations, l’existence de peuplements amérindiens n’a sans doute pas permis l’installation de colonies austronésiennes.

Des hypothèses, peu développées à ce jour par la recherche scientifique du fait de l’absence de traces archéologiques et de données linguistiques probantes, évoquent la possibilité de vagues intermédiaires.

Il s’agirait de migrations intercalées entre le peuplement aborigène et le peuplement austronésien et dont descendraient les populations papoues, ou d’une première vague de migrations asiatique, antérieure aux migrations austronésiennes, dont le début est aujourd’hui daté d’il y a environ 6 000 ans.

En 2011, Pedro Soares et son équipe ont ainsi publié un article de génétique des populations indiquant que le lignage féminin (ADN mitochondrial) des Polynésiens montrait des motifs sud-asiatiques spécifiques remontant à 8 000 ans (avant une phase de dispersion à partir des Îles Bismarck il y a 6 000 ans), soit avant l’arrivée des cultures archéologiques identifiées comme austronésiennes en Mélanésie. Les chercheurs considèrent donc que l’installation de migrants sud-asiatiques dans la région est antérieure à l’arrivée des Austronésiens, et que « de petits mouvements [de populations] de l’Holocène moyen depuis les iles de l’Asie du Sud ont probablement transmis les langues austronésiennes à des colonies d’Asiatiques du Sud-Est établis de longue date dans les Bismarck ». Cette thèse reste cependant fondée sur des datations purement génétiques, souvent imprécises, et n’est à ce jour pas clairement étayée par des preuves archéologiques.

Il existe un bon nombre de sites mégalithiques, dont Ha’amonga ‚a Maui, Langi, Lelu, Moaï, Nan Madol, Odalmelech, Pierre de latte…

On ne connaît rien des techniques de navigation des colons de la première vague de peuplement, sinon qu’elles existaient forcément. En effet, le peuplement du Sahul et des îles de la Nouvelle-Guinée s’est fait en traversant des mers, comme la Wallacea.

On connaît mieux les techniques de navigations des Austronésiens, car celles-ci étaient encore largement utilisées à l’arrivée des Occidentaux.

L’ampleur des traversées, parfois sur des milliers de kilomètres, a étonné les premiers observateurs européens. En effet, ces distances et la très faible densité de terres dans le Pacifique semblent rendre improbable la réussite de tels voyages. Pour trouver une île, la navigation au hasard est largement insuffisante. Les Océaniens ont donc développé une science de la navigation très fine.

Comme l’indiquait en 1925 Elsdon Best, « certains types de vaisseaux utilisés par les anciennes générations ont depuis longtemps disparu, et il n’en existe plus aucune description  ». L’auteur note cependant que les navires identifiés par les premiers Européens dans la région étaient de trois types : les pirogues à simple coque, les pirogues à double coque (catamaran), et les pirogues simple coque à balancier (Prao).

Les pirogues à simple coque semblent peu adaptées à la haute mer. En effet, l’absence de quille les rend très instables en cas de vagues ou de vents de travers, qui risquent de les faire chavirer. Toujours utilisées, elles servent essentiellement à la pêche en rivière, dans le lagon ou juste au-delà.

Les catamarans et les praos permettent de remplacer la quille absente, et d’éviter ainsi le chavirement des pirogues par grosse mer ou vent de travers. Les praos sont cependant relativement fragiles, et ne semblent pas avoir été utilisés pour la navigation au grand large. Ce sont, semble-t-il, les grands catamarans, formés de deux grandes pirogues solidaires, qui ont été le moyen de navigation hauturier dominant des Austronésiens, du moins aux périodes historiques. La tradition orale maorie évoque ainsi une flotte de 13 grandes pirogues doubles à l’origine du peuplement de la Nouvelle-Zélande. Best n’écarte cependant pas d’autres traditions qui parlent de traversées océaniques à bord de pirogues simples, où de pirogues à balanciers.

Les catamarans semblent avoir été de deux types : des pirogues simples accolées par paire temporairement, et des catamarans permanents, plus solidement liés. C’est sans doute ce deuxième type, plus solide, qui était utilisé pour les voyages océaniques, mais ces vaisseaux ont cessé d’être utilisés à l’arrivée des Occidentaux, et sont relativement mal connus dans leurs détails de construction. Des tailles de 15 à 20 mètres étaient atteintes sans problème, et ils pouvaient emporter plusieurs dizaines de passagers. Les plus gros étaient recouverts par un pont « unis au corps de la pirogue par des ligatures ». La largeur totale des deux coques et du pont pouvait atteindre 3 ou 4 mètres, un espace ponté existant entre les deux coques. Des huttes pouvaient être construites sur les pont des catamarans, et un terme existe d’ailleurs en tahitien pour désigner une telle construction : farepora. De nombreuses gravures du XIXe siècle attestent d’ailleurs de ces superstructures. « Les vaisseaux les plus grands mesuraient une trentaine de mètres de long : la dimension du navire de Cook », mais il s’agissait apparemment d’un maximum, les coques étant faites d’un unique tronc d’arbre (du Calophyllum inophyllum, par exemple), la taille des catamarans hauturiers restait limitée par la taille des arbres de construction.

« Dix ou quinze de ces pirogues doubles pouvaient former une flotte puissante », et la relation de voyage Stories of bank peninsula parle d’une flotte de 29 vaisseaux maoris « composés de vaisseaux spécialement adaptés aux voyages océaniques ». Les ancres étaient de grosses pierres. Plus important encore est « l’armada rassemblée en mai 1774 à Tahiti pour attaquer l’île voisine de Mo’orea […]. Cette « Invincible Armada » groupait cent soixante navires à double coque et autant de pirogues de ravitaillement ».

En Nouvelle-Zélande tout au moins, les pirogues doubles de haute mer ont sans doute disparu vers le milieu du XIXe siècle, sans doute concurrencées par les embarcations occidentales qui les rendaient obsolètes. Ailleurs dans le Pacifique, de nombreuses reconstitutions ont été construites depuis une trentaine d’années (Hokule’a à Hawaii, Takitumu et Te Au o Tonga aux îles Cook…). Les pirogues simples et les praos, en particulier les plus petits, plus simples à fabriquer, ont subsisté beaucoup plus longtemps, pour les activités de pêche ou de déplacements locaux, et peuvent encore être construits.

Finalement, l’expansion géographique assez large des types d’embarcations sus-cités, de l’archipel Malais à la Polynésie, et de la Micronésie à la Mélanésie, laisse entendre que les types d’embarcation découverts par les Occidentaux sont assez anciens, même si leur apparition exacte ne peut-être précisée.

La navigation hauturière a été pratiquée couramment par les Austronésiens, non seulement pour des voyages d’exploration, mais aussi pour des voyages de commerce au long cours, comme ceux qui reliaient la Micronésie et le Vanuatu. La boussole ou le sextant étant inconnus, la navigation se faisait en fonction de diverses indications.

La première est la position du soleil, laquelle permet de repérer les points cardinaux : le soleil se lève à l’est, se couche à l’ouest et se trouve au sud à midi (si on se trouve dans l’hémisphère nord), ou au nord (si on se trouve dans l’hémisphère sud).

La nuit, les étoiles sont aussi un précieux repère. En fonction des saisons, les étoiles indiquent certaines directions. Les navigateurs organisaient donc un relais d’étoiles repères pour naviguer de proche en proche. Ce « chemin d’étoiles », variable selon les lieux et les positions, demandait sans doute un long apprentissage ainsi qu’une grande attention pour le pilote.

Enfin, la houle comme les vents dominants, à condition d’en avoir une bonne connaissance, deviennent des repères de direction assez stables. Un grand nombre de langues océaniennes témoignent en effet de ce savoir ancien. Ainsi en rarotongien, raro désigne un vent qui souffle d’est en ouest (les alizés), tonga, un vent du nord, tonga opue un vent de direction sud-sud-est, et tokerau, un vent de direction nord-ouest.

En combinant ces différentes indications (position du soleil, étoiles, courants marins, vents dominants), les navigateurs austronésiens ont pu mener leurs expéditions de commerce ou d’exploration au grand large.

Vu la faible taille de certaines îles, s’en approcher n’est pas suffisant, il faut encore les trouver précisément. Pour cette localisation « cabotière » les navigateurs usaient d’une gamme variée de repères.

La présence d’oiseaux de mer indique ainsi une terre à proximité. Cette indication est variable selon les espèces. Certaines peuvent s’éloigner des terres pendant des jours, et leur utilisation pour détecter une terre est donc impossible. D’autres espèces vont par contre bien moins loin. Ainsi, suivant l’espèce, on peut évaluer la distance de la terre bien avant de l’apercevoir. De plus, le soir, certaines espèces rentrent à terre après avoir pêché le poisson qui les nourrit. Il suffit alors de suivre la direction que leur vol indique pour trouver la terre.

La couleur de la mer peut également trahir la nature des fonds, et le relèvement de ceux-ci, par la modification de la couleur de l’océan qu’il entraîne, peut indiquer la proximité d’une terre. La remontée des fonds ne modifie pas seulement la couleur de l’eau, mais peut également modifier la houle, voir les courants.

L’approche de la terre peut aussi être marquée par la flottaison de débris végétaux divers, arrachés à la terre.

Enfin, dans certaines îles, les étendues d’eau intérieures (lagons, en particulier) provoquent une évaporation particulière, laquelle entraîne la formation d’un nuage plus ou moins permanent, centré sur l’île et visible de très loin. Des îles polynésiennes ont d’ailleurs reçu des noms évoquant ce phénomène, comme Motu Aotea, l’« île du nuage blanc », en Nouvelle-Zélande, ou Aotearoa, « Long nuage blanc », pour la Nouvelle-Zélande elle-même.

En jouant sur ces indications diversifiées, les navigateurs néolithiques austronésiens ont ainsi pu réussir l’approche des terres recherchées, après des jours ou des semaines de navigations hauturières.

La navigation océanique a été utilisée pour des voyages d’explorations et de peuplement, mais aussi, dans certaines zones de l’Océanie, pour des voyages commerciaux.

Les îles les plus anciennement peuplées (Philippines et Insulinde) ont abondamment participé à des échanges commerciaux incluant depuis le Moyen Âge, voire depuis l’Antiquité, l’Inde, le Moyen-Orient ou la Chine, mais ces archipels ne font pas partie de l’Océanie au sens strict.

L’Australie n’a participé à aucun réseau commercial austronésien discernable avant l’époque moderne, même si la présence des dingos atteste de certains contacts limités avec l’extérieur. La Nouvelle-Guinée est globalement dans le même cas, même si certaines régions côtières ont commercé de façon régulière avec les îles voisines de Mélanésie, et parlent d’ailleurs aujourd’hui souvent des langues austronésiennes et non papoues.
De façon plus locale, Papous et Aborigènes d’Australie ont cependant commercé à travers les îles du détroit de Torres, où leurs populations s’interpénètrent (certaines îles sont de langues papoues, d’autres sont de langues aborigènes, avec un vocabulaire austronésien qui montre des contacts anciens).
Il est également à noter que des contacts assez réguliers se sont établis entre pêcheurs Macassans (ou Makassars) du Sud de l’Indonésie (Sulawesi) et aborigènes de la Terre d’Arnhem, et ce à compter du XVIIIe siècle, voire peut-être du XVe siècle.

Les îles de l’Océanie proprement dites (Mélanésie, Micronésie et Polynésie) ont connu des situations différenciées. Les îles les plus excentrées, comme la Nouvelle-Zélande ou l’île de Pâques, ne semblent pas avoir notablement participé à des réseaux commerciaux après leurs colonisations. Les îles plus centrales ont participé à des réseaux locaux (au sein des archipels) ou plus généraux (entre les archipels), dont témoignent les traces archéologiques.

Mais plus encore que le commerce, les grandes flottes océaniques ont permis la constitution d’empires. Ainsi, « le pouvoir de la monarchie de Tonga a atteint son apogée au XIIIe siècle. À l’époque, les chefferies exerçaient une influence politique aussi loin que les Samoa ». Cet empire, l’Empire Tu’i Tonga, centré sur « l’île de Tongatapu aboutit à l’occupation progressive de la majorité des îles de la Polynésie occidentale, avec l’imposition de gouverneurs tongiens et des nouveaux chefs ».

En Polynésie même, « la tradition des voyages interinsulaires [en fait au-delà des archipels] était, semble-t-il, perdue au temps de Cook [fin XVIIIe siècle] ; mais les connaissances géographiques exprimées alors par un prêtre des îles de la Société prouvent que leur souvenir était encore vivant. Cook, lors de son premier voyage en 1769, prit à son bord Tupaia, un prêtre de Raiatea (îles Sous-le-Vent). Bien qu’il n’ait lui-même voyagé qu’à l’intérieur de l’archipel de la Société, Tupaia fut capable de nommer cent trente îles et d’en replacer soixante-quatorze sur une carte : à l’ouest de la Société le doute subsiste pour les Fidji, les Samoa et les Tonga mais à l’est, on reconnaît sûrement, sur la « carte de Tupaia », une partie des Marquises et des Tuamotu. Tupaia ignorait Hawaii (alors inconnue de J. Cook), l’île de Pâques et la Nouvelle-Zélande. Tout au long de ses voyages avec Cook, au grand étonnement de tous, Tupaia fut capable de désigner la direction de l’archipel de la Société, mais il n’expliqua jamais comment il procédait ».

Le peuplement de l’Océanie n’a pas seulement été un mouvement humain. Il a aussi été un mouvement d’animaux et surtout de plantes, apportés par les colons, plus ou moins volontairement.

Les colons de la première vague n’ont pas eu d’influence notable. C’était en effet des chasseurs-cueilleurs qui n’avaient avec eux ni plantes, ni animaux domestiqués.

Les colons austronésiens de la seconde vague étaient par contre des éleveurs et des horticulteurs, et ont amené avec eux plantes et animaux. Beaucoup d’îles du Pacifique, très isolées, avaient une faune et une flore peu diversifiées. « Plus que d’atteindre les minuscules terres du Grand Océan, il était difficile d’y prospérer : elles étaient en effet dépourvues de presque tout. Ce sont bien les Polynésiens qui, en y transportant, sur dix mille kilomètres, plus de quatre-vingts plantes, les ont transformées en autant de « Nouvelle-Cythère » ». Mais leurs prédécesseurs austronésiens s’y étaient déjà employés, en « talentueux horticulteurs. Ils ont ainsi commencé à enrichir les pauvres îles du sud-ouest du Pacifique, grâce aux végétaux transportés pendant des générations depuis l’Asie du Sud-Est et la Nouvelle-Guinée : ignames, aracées diverses, arbre à pain, canne à sucre ». Introduites par les hommes au fil de leurs voyages, la grande majorité des plantes pré-européennes sont originaires d’Asie du Sud-Est : l’arbre à pain, le taro, le coco, l’igname (Dioscorea alata), le châtaignier tahitien, le jambosier rouge, le pia, la canne à sucre, la banane, la pomme cythère, le pandanus, l’épinard hawaïen, le bancoulier, le taro géant.

Avec les plantes sont arrivés également des animaux, comme les poulets, un autre animal originaire du sud-est asiatique, avec les premiers mammifères. En effet, « il n’y a pas de mammifère autochtone en Polynésie. Tous ont été introduits volontairement ou non par l’homme. Le chien, le porc furent amenés par les premiers Polynésiens au cours de leurs migrations avec, dans le fond de leurs pirogues, le rat ».

Certaines introductions auront des effets négatifs. C’est ainsi que le dingo, introduit en Australie il y a 3 500 à 4 000 ans, a eu un impact semble-t-il néfaste à certains animaux australiens (comme ses concurrents potentiels, le thylacine (loup marsupial) et le diable de Tasmanie), qu’il aurait contribué à faire régresser, voire disparaître.

Si la quasi-totalité des plantes et animaux apportés par les Austronésiens viennent logiquement de leur région d’origine, l’Asie du Sud-Est, il existe une exception, la patate douce. Celle-ci est nettement d’origine sud-américaine ou centre-américaine. Pourtant, « des restes carbonisés de tubercule […] ont […] été découverts dans un sol d’habitat daté du Xe siècle à Mangaia (archipel Cook) », et à l’arrivée des Occidentaux, le tubercule était un aliment très répandu à travers toute la Polynésie. Cette exception atteste que de façon ancienne (avant même l’an mil), les navigateurs polynésiens ont touché l’Amérique du Sud et en ont ramené la patate douce.

La question du peuplement de l’Océanie a suscité dès la fin du XVIIIe siècle un certain nombre de théories, aujourd’hui abandonnées.

L’une des premières explications donnée pour expliquer le peuplement de l’Océanie fut celle de l’existence d’un continent englouti, la « Pacifide », pendant mythique de l’Atlantide. Selon cette thèse, les Océaniens seraient les descendants des habitants de ce continent aujourd’hui disparu duquel il ne subsisterait que quelques sommets émergés : les îles du Pacifique. Cette théorie est pour la première fois retrouvée chez le naturaliste de la troisième circumnavigation de James Cook, James Forster. Elle est par la suite reprise dans l’ouvrage du belgo-français Jacques-Antoine Moerenhout Voyage aux îles du grand océan (1837).

Après 1926, le colonel James Churchward la popularise sous une forme et un nom différents dans un ouvrage intitulé Le Continent perdu de Mu, dans lequel ce militaire excentrique tente même de cartographier ce continent imaginaire qu’il a affublé d’un nom polynésien : Mu Ra Roa (mu : variété de poisson ; ra : déictique qui exprime l’éloignement dans le temps ; roa : grand). Il est en effet fréquent en Polynésie de donner des noms de poissons à des îles (par exemple Te ika a Maui, nom māori pour désigner l’Île du Nord de Nouvelle-Zélande). L’ouvrage connaîtra un tel succès de vente que l’auteur en publiera deux suites, également traduites en français : Les Enfants de Mu, et L’Univers secret de Mu.

Parmi les hypothèses du XIXe siècle sur le peuplement de la région, on trouve celle de « la tribu perdue d’Israël ». Nous la retrouvons par exemple chez le révérend Richard Taylor dans un ouvrage intitulé Te Ika a Maui, or New Zealand and its Inhabitants (1855), ou encore chez un britannique du nom de Godfrey Charles Mundy, qui séjourna quelques mois en Nouvelle-Zélande dans les années 1840. Celui-ci écrit : « On dit que beaucoup de leurs coutumes, civiles et religieuses correspondent à un degré remarquable avec celles des Juifs. Les traits du visage de nombreux māori ont une forte ressemblance avec ceux de l’ancienne race, le même œil exorbité et brillant, le même nez à la fois grossier et aquilin, et la même bouche fine et sensuelle. (…) Les māori sont-ils descendants d’une des tribus perdues d’Israël ? » On retrouve dans cette description tous les archétypes de l’imagerie traditionnelle sur les Juifs, le « nez aquilin », « l’œil exorbité et brillant », etc.

Toutefois, ce mythe fut également revendiqué par les Maori eux-mêmes au travers du mouvement syncrétique Te Nakahi dont les leaders tel que Papahurihia plus tard connu sous le nom de Te Atua Wera ou encore Wero se disaient descendre de Moïse. Signalé une première fois dans la Bay of Islands en juillet 1833 puis plus tard à Hokianga (extrême Nord de la Nouvelle-Zélande), la naissance du Te Nakahi coïncide avec la multiplication des premiers baptêmes māori.

Mélangeant des préceptes de l’Ancien Testament (respect du Chabbat juif) et des rites ancestraux Māori, ses adeptes voyaient dans cette filiation aux Hurai (Juifs en māori), l’affirmation d’une identité mise à mal par les missions. Ce culte devait par la suite également influencer de manière prépondérante la révolte d’Hone Heke dans le nord du pays et le mouvement royaliste māori de la décennie 1850, le premier roi māori Potatau Te Wherowhero s’affirmant descendre des derniers rois d’Israël.

Une autre grande hypothèse sur l’origine des Polynésiens (on s’intéresse à l’époque assez peu aux Mélanésiens) apparaît en 1885. Elle est l’œuvre d’Abraham Fornander, qui postule l’origine indo-européenne des Polynésiens.

Dans le volume 3 de Account of the Polynesian Race, consacré à ce que l’on appelle alors la philologie, autrement dit l’étude des langues, il tente de démontrer l’existence de coïncidences phonétiques et syntaxiques entre les langues polynésiennes et les langues indo-européennes.

Nous sommes alors à l’apogée de la recherche indo-européenne. La même année 1885 paraît un autre ouvrage intitulé Aryan Maori dans lequel l’auteur Edouard Tregear se veut encore plus précis dans la démonstration. Selon lui, une population aryenne installée entre la mer Caspienne et le versant nord de l’Himalaya se serait il y a 4 000 ans scindée en deux groupes. L’un serait parti vers l’ouest pour s’installer en Europe de l’Ouest, l’autre vers le Sud via la Perse et l’Inde. De là, certains d’entre eux auraient continué leur chemin plus à l’est vers l’Asie du Sud-Est puis les îles du Pacifique.

Dans les années 1950, un jeune doctorant norvégien, Thor Heyerdahl, postule une origine amérindienne des Polynésiens. Il appuie sa théorie sur un certain nombre de points :

Heyerdahl s’appuie également sur des traditions orales des populations d’Amérique et de Polynésie.

L’une des objections à la théorie d’Heyerdahl est que le bois utilisé pour la construction des bateaux traditionnels incas est du balsa. Pour ses contradicteurs, le balsa est un bois poreux tout à fait approprié pour des radeaux destinés au cabotage (navigation près des côtes) mais sûrement pas pour des embarcations capables de remonter au vent et d’effectuer une traversée de plusieurs milliers de milles nautiques. Pour répondre à ses détracteurs, Heyerdahl et cinq équipiers, parmi lesquels Bengt Danielsson, tentent de rallier Tahiti à partir du Pérou sur le radeau Kon-Tiki, afin de démontrer la capacité du balsa à affronter la haute mer.

Aujourd’hui tout le monde s’accorde sur le fait qu’il y eu des contacts entre les Océaniens et les populations amérindiennes du continent sud-américain (prouvés par la présence de la patate douce américaine en Polynésie (voire par celle de poulets polynésiens en Amérique du Sud si cette découverte de 2007 est définitivement confirmée), mais personne ne remet plus en cause l’origine continent asiatique des populations du Pacifique et de la Mélanésie, ce que prouvent nettement la linguistique, la génétique des populations et l’ethnobotanique modernes.

Il est donc aujourd’hui plutôt supposé que les traces de contacts préhistoriques ont été laissées par des navigateurs polynésiens en Amérique du Sud, et non par des sud-américains en Océanie.

Document utilisé pour la rédaction de l’article: ouvrage ayant servi à la rédaction de cet article

Governatore del Colorado

Il governatore del Colorado è il capo del ramo esecutivo del Colorado.

Per essere eleggibili occorre essere cittadino statunitense, risiedere in uno stato statunitense per almeno due anni prima dell’elezione e avere 30 anni di età anagrafica.

La costituzione del Colorado venne istituita nel 1876 e prevedeva che il mandato del governatore durasse due anni, in seguito ci fu un emendamento approvato nel 1956, ma entrato in vigore a partire dal 1959, che aumentò la durata di tale mandato a quattro anni.

Il governo provvisorio dell’autoproclamato Territorio di Jefferson è stato organizzato il 7 novembre 1859. Il territorio comprendeva l’odierno Colorado, ma traslato di 5 km più a est, 222 km più a nord e circa 80 km più a ovest.

Il territorio non è mai stato riconosciuto dal governo federale nei giorni tumultuosi prima della guerra civile americana. Il Territorio ha avuto un solo governatore, Robert Williamson Steele, un democratico eletto con voto popolare. Egli proclamò il territorio disciolto il 6 giugno 1861, alcuni mesi dopo la formazione ufficiale del Territorio del Colorado, ma solo pochi giorni dopo l’arrivo del suo primo governatore.

Il Territorio del Colorado è stato organizzato il 28 febbraio 1861, con porzioni di altri territori: territori del New Mexico, Utah, e Nebraska; inoltre venne aggiunto il territorio non organizzato che in precedenza era la parte occidentale del Kansas.

Partiti politici:
      Democratico (22)       Repubblicano (19)       Partito del Popolo (1)

Altri progetti

Kamen Rider X

Kamen Rider X (仮面ライダーX Kamen Raidā Ekkusu?) es el título de la 3.ª temporada de la franquicia Kamen Rider, emitida en 1974 en TV Asahi.

El científico robótico Keitarô Jin y su hijo Keisuke son atrapados en la campaña del terror por una organización malvada conocida como “GOD” (Gobierno de la OscuriDad).

Atacan y roban la tecnología del profesor, pero antes de que Keitarô muera puede operar a su hijo con lo último de su tecnología de robótica transformándole en el impresionante “Kamen Rider X”. Ahora, vengará la muerte de su padre y garantizará la seguridad de Tokio, de Japón, y del mundo entero.

Combate contra monstruos menores de God, utilizando su “Ridol ”, su arma personal. Con un grito exuberante de ¡“Set UP”! se transforma en X-Rider, lanzándose a la batalla a bordo de su motocicleta “Cruiser”.

Durante los primeros 21 episodios, X lucha contra enemigos basados en personajes de la mitología griega. Pronto, los soldados personales del “Rey Oscuro”, el líder del GOD, comenzaron a atacar. Después de derrotarlos, see enfrenta contra Rey Oscuro, donde X vence, y el mundo es seguro otra vez.

Keisuke Jin: Kamen Rider X

John Stuart (CEO)

John Stuart (1877–1969) was the chief executive officer of the Quaker Oats Company from 1922 to 1953.

John Stuart was born in Chicago in 1877, the son of Robert Stuart and his wife Margaret. He was educated at the University of Chicago Laboratory Schools. As a teenager, he would work in his father’s mill in Cedar Rapids, Iowa sweeping floors. After high school, he was educated at Princeton University, graduating in 1900.

In 1899, Stuart’s father and his business partner Henry Parsons Crowell had used a proxy fight to gain control of the American Cereal Company from Ferdinand Schumacher. In 1901, they renamed the company the Quaker Oats Company, to take advantage of the brand previously built up by Crowell’s Quaker Mill Company. In 1907, at age 30, Stuart was named a director of the Quaker Oats Company and soon became thoroughly acquainted with the business.

Stuart took over as CEO of the Quaker Oats Company in 1922, at age 43. His brother R. Douglas Stuart then took over marketing responsibilities from Crowell a short time later. During Stuart’s time as CEO, the company introduced new products, such as Puffed Wheat and Puffed Rice. The company purchased Aunt Jemima in 1925. The company diversified in 1942 with the purchase of dog food brand Ken-L Ration, to be followed up by the acquisition of the Puss ’n Boots cat food brand in 1950. Stuart stepped down as CEO in 1953, handing the reins to his designated successor Donold Lourie.

In addition to his work at the Quaker Oats Company, Stuart sat on the board of directors of International Harvester, the Canadian Imperial Bank of Commerce, the Pennsylvania Railroad, and Northern Trust. He was a trustee of Princeton University and of the University of Chicago.

Also, in 1947, at the request of President of the United States Harry Truman, Stuart was a member of the Hoover Commission.

Stuart was married to the former Ellen Shumway. Together the couple had two daughters and a son, John Stuart, Jr.

Stuart died at Lake Forest Hospital on December 26, 1969.

Jonni Fulcher

Jonathan „Jonni“ Fulcher (* 22. September 1974 in Inverness, Schottland) ist ein in Genf lebender schottischer Poolbillard- und Snookerspieler.

Fulcher begann im Alter von zehn Jahren Billard zu spielen. Mit 18 Jahren zog er nach London und studierte Physik am Imperial College London. Dort trat er dem Imperial College Snooker Club bei und nahm in den folgenden Jahren an den britischen Universitätsmeisterschaften teil, die er 1997 mit der Mannschaft und 1999 im Einzel gewann. Anschließend war er Mannschafts-Kapitän der englischen Universitäts-Mannschaft bei der Home Nations Championship, die diese dreimal gewann. 2003 zog Fulcher nach Genf in die Schweiz. 2004 wurde er Schweizer Snooker-Meister. Zudem wurde er Schweizer Meister im 8-Ball sowie im 9-Ball.

2006 gewann Fulcher zum bislang einzigen Mal ein Turnier der Euro-Tour. Nachdem er bei den Austria Open und den Netherlands Open im Sechzehntelfinale gegen den Polen Radosław Babica beziehungsweise den Dänen Bahram Lotfy ausgeschieden war, erreichte er durch Siege unter anderem gegen Huidji See und Roman Hybler das Finale der Swiss Open. Dieses gewann er gegen den Malteser Tony Drago mit 10:8.

Bei den Czech Open 2007 erreichte Fulcher das Achtelfinale, verlor dieses aber gegen den Deutschen Ralf Souquet mit 2:10, im Achtelfinale der Italy Open unterlag er dem Schweizer Marco Tschudi mit 8:10. Bei den Austria Open und den Netherlands Open schied er ebenfalls im Achtelfinale aus, gegen Nick van den Berg beziehungsweise Roman Hybler. Bei den US Open belegte er 2007 den 65. Platz, ebenso bei der 9-Ball-WM, bei der er sieglos in der Vorrunde ausschied. Bei der Costa del Sol Open unterlag er im Sechzehntelfinale dem Spanier Antonio Fazanes mit 4:10.

2008 erreichte Fulcher bei den Paris Open den dritten Platz. Auf der Euro-Tour schied er bei den French Open im Sechzehntelfinale gegen den Engländer Darren Appleton aus. Bei den German Open zog er ins Achtelfinale ein, das er aber anschließend gegen den Niederländer van den Berg mit 0:9 verlor. Bei der 14/1 endlos-WM 2008 schied er in der Gruppenphase aus. Bei den Netherlands Open unterlag er im Sechzehntelfinale dem Russen Ruslan Chinakhov. Bei der 10-Ball-WM 2008 erreichte er die Runde der letzten 64, in der er gegen den Finnen Mika Immonen mit 5:9 verlor.

Bei den French Open 2009 erreichte Fulcher das Viertelfinale, verlor dieses jedoch gegen den späteren Finalisten Mario He mit 7:9. Bei den Philippines Open kam er auf den 31. Platz, beim Qatar International Championship auf den 17. Platz. Bei der 14/1 endlos-WM 2009 erreichte er das Viertelfinale, bei der 10-Ball-WM schied er im Sechzehntelfinale gegen den Niederländer Nick van den Berg mit 4:9 aus.

2012 unterlag Fulcher im Sechzehntelfinale der Italy Open dem Portugiesen Manuel Gama mit 5:8. 2013 schied er in der Vorrunde der 14/1 endlos-WM aus und belegte dabei den 17. Platz. Bei den Castel-Brando Open verlor er im Sechzehntelfinale gegen den Engländer Mark Gray mit 7:9. Bei der 14/1 endlos-WM 2014 gelang es Fulcher ins Achtelfinale einzuziehen, er verlor dieses aber gegen den Amerikaner Tony Robles.

Gemeinsam mit Jayson Shaw vertrat Fulcher Schottland beim World Cup of Pool 2013. In der ersten Runde unterlagen sie jedoch die späteren Finalisten aus den Niederlanden (Nick van den Berg und Niels Feijen) mit 2:7.

2007 besiegte Fulcher bei der Snooker-Europameisterschaft den Titelverteidiger Alex Borg und beendete damit dessen Serie von 24 ungeschlagenen Spielen. Er selbst schied jedoch anschließend aus.

In der Saison 2011/12 nahm Fulcher an mehreren PTC-Turnieren teil. Nachdem er beim zweiten PTC-Turnier 2011/12 in der ersten Vorrunde gegen den Engländer Kyren Wilson mit 0:4 verloren hatte, schied er in der zweiten Vorrunde des Paul Hunter Classic 2011 gegen den Engländer Jamie O’Neill mit 0:4 aus. Bei der Kay Suzanne Memorial Trophy unterlag er in der ersten Vorrunde gegen den Engländer Billy Joe Castle mit 1:4. Bei der Alex Higgins International Trophy trat er in der ersten Vorrunde nicht gegen den Iren Karl Fitzpatrick an, und schied somit aus. Bei den Antwerp Open 2011 qualifizierte er sich für die Endrunde, in der er jedoch in der ersten Runde dem Engländer Ali Carter mit 0:4 unterlag.